Lunes y “la puerta de las emociones”

Lunes y “la puerta de las emociones”

8 octubre, 2018 Notícia bloc 1

Los lunes que tengo quimioterapia primero tengo visita con la oncóloga para revisar la analítica y si esta lo permite hago la sesión. Pero a menudo las esperas para la visita son largas ya que existe un overbooking en el hospital.

Yo estoy en uno de los hospitales más grandes de toda la península, y con muy buenos resultados, tanto en oncología como en otras especialidades, lo que hace que venga gente de muy lejos buscando un tratamiento que le funcione. Por esto y por otros motivos las semanas que hay un día festivo todos los pacientes sufrimos unos retrasos considerables. Pero de esto ya hablaremos otro día.

Hoy os quiero relatar lo que se ve y se vive si en las esperas te toca sentarte delante de la puerta que dá acceso a las consultas de los oncólogos/as. Como decía antes, hay gente venida de todas partes, de todas las clases sociales y, como no, con todo tipo de suerte.

Ya en la sala de espera a muchos los conoces, y de algunos sabes hasta de su enfermedad, ya que cuando haces las sesiones acabas hablando e intercambiando información. También ves rápidamente el que esta ahí por primera vez y también ves los que ya no ves o encuentras a faltar. Son compañeros/as de sesiones con los que congeniabas pero que han ido a peor y pienso que deben estar en paliativos o quizás ya no están.

Volviendo a la puerta… Yo le he puesto el nombre de “la puerta de las emociones” ya que por ahí sale la gente con todo tipo de noticias. Muchos salimos enchufados para gestionar papeles y coger asiento para hacer la quimio. Otros de primera visita salen supercontentos; no gritan de alegría por respeto a los demás, pero le oyes hablar de los planes para celebrar esa buena noticia que se llevan a casa…y bien que hacen. Luego están los que salen destrozados, con más o menos antigüedad en la parroquia.

Recuerdo una familia, matrimonio con dos hijos adolescentes. La madre era la enferma con más de un cáncer a cuestas, ella salió muy afectada al igual que su hijo que no articulaba palabra. La hija la intentaba animar positivizando que una de sus lesiones internas se mantenía. Pero todos sabían que no había nada bueno en el resto, y el marido la consolaba al tiempo que se giraba y se cagaba en la PUTA!

Son muchas las anécdotas que os podría contar. Yo mismo también salí un día llorando por esa puerta. Lo que os quiero decir es que yo estoy contento de poder ir por mi propio pié al hospital y con poder ver lo que veo, aunque muchos días no me gusta lo que veo.

Es verdad que a veces no quejamos por vicio. Pero desde que enfermé ya no me quejo por cualquier cosa sinó que valoro mucho más lo que puedo hacer cada día al levantarme, ni que sea ir al hospital de Onco en vez de ir a ver un recién nacido. Da igual.

Lo importante es levantarse, ver amanecer un nuevo día…y encima poder ir caminando. Eso es la OSTIA!!!

XVR

 

Un comentario

  1. Ana María Revilla Arroyo dice:

    Tu sí que eres la “Ostia”, tu enfermedad me ha enseñado a valorar las pequeñas cosas que la vida nos da, cada día es un regalo,años atrás algunas me pasaban de largo. Vivir sola me ha hecho más positiva, tú también lo eres y esto ayuda a ser más feliz, pues a caminar juntos muchos años. Un besazo

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